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La Relación de Pareja

Publicado en: Sagrado Femenino

Cada ser humano es fruto de una relación de pareja. Más allá de como haya sido esta relación, somos concebidas, gestadas y paridas en relación. Primero fundidas con nuestra madre y luego al nacer, en relación con el padre y con el mundo.

El hecho es que toda la vida tiende a dirigirse hacia la relación de pareja. Desde los cuentos infantiles de princesas que se casan con su príncipe azul, las canciones románticas de todos los tiempos, telenovelas, nuestras mayores hablan y sueñan con amores que nos hagan vibrar y sentirnos como alguien especial.

Y es que, como dice Bert Hellinger: en la relación de pareja, estamos más unidos a la fuerza que dirige al mundo, y el acto sexual es lo más espiritual por cuanto nos conecta con la Madre, lo Divino, trascendemos el yo para ser uno junt@s.

Antiguas vías espirituales como el Tantra, tienen este mismo concepto y, aunque esta unión puede lograrse también sin pareja, son muchas menos las personas dispuestas a recorrer el camino solitario, puesto que, hay el doble de pasión entre 2 personas que una sola. La pareja nos brinda además,  oportunidades para crecer y conocernos a nosotr@s mism@s.

LA RELACIÓN DE PAREJA NOS TRANSFORMA

Lograr esta relación requiere abrirnos a la otredad, a dejar de creer que lo que una piensa, cree y basa su vida, es lo mejor. Requiere despedirnos de la idealización del otro, bajarle del pedestal para colocarlo en un nivel humano. Reconocernos distintos aunque al mismo nivel.

En una relación de pareja se dan muchos nacimientos y muertes. Muertes a lo que dejamos atrás para seguir adelante juntos. Por ejemplo, cuando muero a la idea de que el otro tendría que ser como yo, o tendría que ser de tal manera diferente a como es.

La renuncia a ser parecidos o iguales, nos abre a poder amarlo de verdad, tal como es, con sus luces y sus sombras. También nos abre a un verdadero amor hacia una misma, puesto que muchas veces lo que rechazamos en el otro es parte de nuestra propia sombra, de aquello que más nos cuesta reconocer e integrar en una misma.

LA PAREJA: ENCUENTRO DE CLANES

La unión de 2 personas para encontrarse íntimamente es a la vez la unión de dos familias. Antiguamente decían que no te casabas con un hombre sino con su familia entera. Lo cierto es que más allá de que convivamos con la familia de nuestra pareja, tan solo por el encuentro sexual ya se está compartiendo el ADN de ambos linajes, y este intercambio tiene efectos muy profundos en todos nuestros cuerpos físicos y energéticos, que han de incorporar esta información al plano de conciencia profunda.

La prueba física de este intercambio se da, por supuesto, cuando concebimos un bebé, pues en él se van expresando poco a poco lo que nos gusta y lo que no nos gusta de nosotr@s y de su papá o mamá (o sea, nuestra pareja)

Madre y padre tienen que afrontar cómo hacer con la criatura formando un equipo armonioso o de lo contrario las dificultades en la tarea crecerán y serán motivos de nuevos conflictos.

Cuando renunciamos a imponer nuestra visión, cuando respetamos ambas perspectivas, podemos crear un universo común. Solo que es más llevadero hacerlo antes de tener un hijo, y de hecho, es más llevadero si antes de emparejarnos hacemos un trabajo profundo de integración personal.

LA INTEGRACIÓN PERSONAL

Es fácil proyectar en una pareja nuestros deseos, fantasías y carencias. Cuesta mucho más hacernos cargo de todo lo que no anda bien dentro de una misma y dejar de proyectar soluciones fáciles que luego complican mucho más las cosas.

La relación de pareja no es la solución al sentimiento de soledad, ni de falta de aprecio por una misma u otros motivos.

Más que buscar que alguien nos quiera, sería mucho más práctico preguntarse:

¿En qué medida me amo a mi misma?

¿A quién amo yo?

¿Cómo es mi amor?

En mi práctica profesional como terapeuta, he visto muchas mujeres quedarse con quien sienten que las trata muy bien, las hace sentir que son especiales, pero que no aman profundamente, en realidad.

El resultado, con el tiempo es el sentimiento de vacío, de que a una le falta algo. Sentimiento que muchas veces viene de la infancia, desde una necesidad no satisfecha, cuya sensación vuelve a aparecer para sanarse.

Sin embargo, cuando no miramos de frente a una herida emocional  y tratamos de no sentirla, acabamos buscando parches en cualquier relación a modo de anestesia. De ahí la sensación de vacío, y si no se trabaja internamente, va camino de convertirse en depresión.

Sin embargo, la pareja también es un espejo de aumento en el que nos vemos reflejadas, y podemos tomar esto que vemos como un punto de partida para aquello que nos cuesta reconocer e integrar, también como una práctica continua de encuentro de polaridades, ya que a veces lo que nos muestra es algo muy diferente a lo que conocemos hasta el momento.

Hacernos responsables de nuestros sentimientos y dejar de hacer responsable al otro, será un punto importante en la forma en que nos comunicamos. Enfocarnos en: ¿cómo hemos llegado hasta aquí? Recapitulando los pensamientos, emociones y acciones anteriores, nos dará pistas para desandar ese camino y tomar una vía que nos lleve a un lugar más armonioso entre los dos.

SOLO SI ESTOY BIEN CONMIGO MISMA, PUEDO ESTAR BIEN EN PAREJA

Podríamos ampliar esta  frase a: solo si estoy bien conmigo misma puedo estar bien en una relación del tipo que sea, y realizando el rol que sea. Por ello, viajamos a dentro de nosotras, para descubrir aquellos aspectos de una misma que no se nos revelan tan fácilmente en el día a día. Por ello, nos abrimos a descubrir los arquetipos femeninos que finalmente se expresan en esos roles cuando somos: hermanas, compañeras, amantes, madres, líderes, mujeres maduras, abuelas y/o ancianas o incluso al momento de morir y decir adiós a todo lo que ha sido nuestra vida, y a todo lo que no ha sido, también.

La vida en pareja depende de nuestra integridad, honestidad, autenticidad… y todos los valores humanos que podamos compartir con quien elijamos. Porque  quizá sea eso a lo que aspiramos: a compartir todo lo que somos,  abriendo nuestro corazón,  alma y cuerpo para abrazar desde el amor que somos y en ese amor encontrarnos con otro corazón, otra alma y otro cuerpo que nos acoge sin reservas.

Podemos ir practicando con una misma:

Mi matrimonio interno, ¿cómo se siente?

¿Me he reconciliado conmigo misma?

 ¿Me he reconocido como alguien valioso, alguien único, como tan único es cada ser humano?

¿Soy consciente de mis luces y me abro a integrar mi sombra?

¿Tengo realmente el corazón abierto para el otro?

¿Cómo es la interacción entre mi aspecto femenino y mi aspecto masculino? ¿Hasta qué punto los conozco?

APRENDER A DECIR ADIÓS, ES APRENDER A AMAR

A menudo llevamos duelos sin resolver. Cuando esto sucede, nuestra mirada interna está hacia aquello que aún no ha logrado dejar atrás. Cuando además lo que no podemos soltar es una relación de pareja pasada, lo más habitual es que “el amor no llegue” y si llega una nueva relación, no estamos del todo presentes en ella.

Cerrar parejas anteriores es a menudo una tarea que requiere voluntad, perseverancia y consciencia, pues requiere asumir muchas emociones que pueden parecernos indeseables pues una parte de nuestra sombra personal aflora justo cuando estamos tratando de aflojar el dolor de la pérdida de ilusiones, proyectos en común, esperanzas, frustración y enfado y a menudo, el resentimiento  que produce mantener este estado emocional a lo largo de mucho tiempo.

Reconocer a la persona que ya no forma parte de nuestro presente, el que haya formado parte de nuestra vida. Agradecer lo que nos haya aportado y honrar lo que hemos compartido, es necesario para poder dejar atrás y soltar toda la energía que nos tiene todavía apegadas. Solo así estamos disponibles para la siguiente relación.

Honrar la relación anterior requiere renunciar a compartir lo que fue íntimo, y es a la vez una forma de respeto profundo por el otro.

LA INTEGRACIÓN DE LOS PROPIOS ORÍGENES

Para que cada una de nosotras este ahora mismo con vida, ha sido necesaria la fuerza de otras personas. Ningún ser humano es capaz de salir adelante completamente solo. Si contamos con que venimos de la unión de nuestros padres y más atrás, la de todo nuestro linaje, encontramos una fuerza que ha impulsado la vida hasta llegar a este momento.

Sea como sea nuestra familia, más allá de que nos sintamos comprendidas o rechazadas, el hecho de reconocer su papel de vital importancia, afianza nuestras raíces en este mundo y otorga una estabilidad interna ante vientos y vendavales.

Sin embargo, crecer también significa mirar a mi familia con los ojos de un adulto. Con mayor neutralidad que cuando éramos niñas y con cierta perspectiva. Pues la apertura al mundo nos trae valores diferentes a los que nos han enseñado y muchas veces impuesto, y ser leales a una misma requiere renunciar a nuestra imagen  de “buenas hijas” en el sentido de “sumisas” a la moral o formas de hacer que se han mantenido en nuestro linaje. En otras palabras: que sintamos que dejamos de ser leales a nuestra familia, y una sensación de culpa sea el precio a pagar por la libertad.

Entender este proceso nos ayudará a transitarlo de una forma más suave y respetuosa con los sentimientos de quienes defienden que hemos de hacer las cosas como siempre se han hecho (a menudo, nuestra madre o nuestro padre) y que pese a no estar de acuerdo, no actuemos de forma impulsiva con actitudes que dañan el vínculo entre nosotros.

LA INTEGRACIÓN DEL OTRO

En la medida en que podemos dejar atrás puntos de vista que habíamos mantenido durante tiempo, podemos abrirnos a otras formas de pensar, sentir y actuar distintas a las nuestras. Esto va a ser fundamental para aceptar al otro tal y como es.

Pero aceptar no significa: aguantar, soportar. Se refiere asentir al otro, darle un: Sí, que lo valide, al igual que una desea ser validada por el otro.

Validar también significa que no busco en el otro que haga un papel que no le corresponde, como el de madre o padre de mi misma, y que tampoco me coloco en esos papeles hacia él. Como adultas podemos apoyarnos, desde una igualdad de rango y responsabilidad ante las dificultades de la vida.

Confiar en la fuerza interior de la pareja hará que pueda encontrarla cuando creía que se había ido.

Integrar al otro requiere enterrar las armas para no entrar en batalla. Esto significa saber que tener razón no es lo importante, sino sentirnos valorad@s, amad@s. Dirigir mi pensamiento, sentimiento y acción para, desde un respeto profundo, seguir creando amor entre nosotr@s.

EL EQUILIBRIO ENTRE DAR Y TOMAR

La cantidad de energía que fluye dentro de una relación se podría medir por lo que compartimos en ella. Para que esta energía sea armoniosa, el intercambio que generamos debe  tener en cuenta ciertos límites si quiere mantenerse en equilibrio.

Saber que no es lo mismo recibir que tomar, nos aclara que puedo recibir algo pero no tomarlo, por ejemplo, cuando lo que recibo no es de mi agrado.

No tomarlo significa que el gesto de dar del otro, no cumplió su función: que el uno lo tomara.

Dar suele generar un sentimiento de grandeza, una se siente generosa, es un sentimiento pleno. Recibir puede hacernos sentir amadas, pero a la vez nos compromete un poco más con esa persona. Aceptar un regalo nos deja un poquito en deuda, y quizá más comprometidas con ella. Quizá se espere que devolvamos algo de lo que hemos recibido, o quizá me surja del corazón las ganas de regalar también.

La cuestión es que el dar y tomar es delicado, puesto que a mayor intercambio mayor es la fuerza del vínculo entre ambos, y por tanto menor es la libertad de abandonarlo. Por tanto, la capacidad de tomar y de dar depende del deseo de estrechar la relación.

También hay diferencias personales a tener en cuenta. Uno puede ser más feliz, dando que recibiendo, o al revés. Por tanto el equilibrio en el intercambio es único para cada relación.

Es frecuente que suceda que uno espera que el otro sepa qué es lo que desearía recibir. Y aunque sea bonito recibir justo lo que queríamos, aspirar a ello es una de las fuentes de desilusión habituales, puesto que se basa en la idea infantil de: “mi mamá sabe lo que me gusta” que luego se convierte en: “si me amara de verdad, sabría qué es lo que quiero”.

Cuanto más concretas y claras seamos con el otro, más posibilidades tenemos de recibir aquello que podemos tomar y por tanto de satisfacción por ello.Hagamos que sea fácil para cada un@, y revisemos nuestros miedos personales para no proyectarlos en las situaciones que vivimos junt@s.

MIEDOS MÁS COMUNES EN LA PAREJA

Uno de los miedos más reconocidos es a ser abandonad@s

Suele estar basado en experiencias de nuestra infancia en que nos sentimos desamparadas, pues no había nadie para atender nuestras necesidades. Otras veces se trata de haber sido castigadas por algo que hemos dicho o hecho. El miedo a ser abandonadas impide que seamos auténticas, espontáneas, pues una va de puntillas, pues creo que: “si digo lo que pienso, me dejarán”.

Este miedo se mezcla con otro: el miedo a la soledad. Por evitarlo podemos aferrarnos a alguien, más allá de nuestros sentimientos genuinos hacia esa persona.

Otro miedo es a la traición. Este también puede sumarse al anterior.

Puede ser una traición sexual, y entonces dar lugar a los celos y todo el proceso obsesivo que se desencadena. Otras veces la estrategia elegida es hacer como que una no ve, entonces el precio es la frialdad. El vínculo se rompe aunque la relación siga adelante.

Una forma más madura de afrontar miedos o situaciones de este tipo es encarando la verdad, para poder distinguir entre lo que no está sanado dentro de mí y en el otro y en la relación entre ambos. A partir de ahí empezar a trabajarlo.

LUCHAS DE PODER EN LA PAREJA

Existen diferentes tipos de poder y formas de ejercerlo.

El poder femenino se basa principalmente en la sexualidad. El poder masculino en la fuerza física y en el paradigma patriarcal.

El patriarcado otorga primacía a lo masculino sobre lo femenino, e iguala masculino a hombre y femenino a mujer. Para lograrlo ejerce un poder masculino que pretende someter por la fuerza a la mujer. Pero en esta lucha hay un oponente bien poderoso: el poder sexual de la mujer. Y la única solución es denigrarlo.

Con este paradigma, las parejas, entre hombre y mujer no lo tenemos fácil, en cuanto que partimos de este programa, que aún nos cuesta reconocer y mucho más cambiar. Y no hay otra forma de cambiarlo que haciéndonos conscientes de las heridas que llevamos por cultura y por parejas que nos precedieron, con todas sus formas de relación mermadas e impuestas desde el exterior. Para detectar cuando alguna actitud de este tipo se asoma entre nosotr@s, para tomar consciencia ella, no alimentarla, y soltarla.

Pero tampoco las parejas que se dan dentro del mismo sexo, lo tienen fácil. Muchos estudios dejan al descubierto que el hecho de declararse homosexual todavía significa ser considerado de una categoría humana inferior al heterosexual. Las dificultades culturales, en estos casos, son más bien hacia el entorno que rodea la pareja. Las luchas de poder entre ellos tendrán que ver con la forma en que manejan el equilibrio entre la energía femenina y la masculina dentro de cada una y entre ambas.

LA COMUNICACIÓN EN LA PAREJA

Existen ciertas reglas en la comunicación, que cuando se conocen y se respetan, podemos sentar bases para un buen entendimiento en nuestras relaciones. Este descubrimiento y desarrollo en la Teoría de la Comunicación Humana de Waltzlawick marcó el comienzo de una nueva era en la psicoterapia familiar.

Estos son sus axiomas:

  1. Es imposible no comunicar: silencio, gestos, expresión corporal… todo habla y expresa algo.
  2. La comunicación humana se da en dos niveles
    1. Contenido: la información que se transmite
    2. Relación: parte no verbal que expresa el aspecto relacional

Existe un nivel más allá de estos dos: lo llamamos Metacomunicación, y se da cuando somos capaces de hablar sobre la forma en que nos estamos comunicando.

  • Existen dos modalidades de comunicación: analógica y digital. La analógica transmite los aspectos de la relación y la digital transmite, o no, el contenido. De las dos, es mucho más relevante la analógica.
  • La puntuación otorga significado: al igual que en el lenguaje escrito, cuando incluimos pausar y secuenciamos nuestro lenguaje hablado.
  • Comunicación simétrica y complementaria: Se refiere a la diferencia de los interlocutores en cuanto a poder informativo de cada uno.
    1. Simétrica: ambos interlocutores tienen el mismo poder informativo
    2. Complementaria: uno de ellos tiene mayor poder informativo
      • En este caso pueden darse dinámicas: uno de los interlocutores puede intentar neutralizar el intercambio, dominar la interacción o bien facilitar que la otra persona lo haga.

La clave aquí es colocarnos como pareja en comunicación simétrica y permitir una comunicación complementaria cuando el otro es experto en algún área en concreto.

En todo caso, la comunicación en la pareja es un arte, y como tal necesita grandes dosis de inspiración y mucha práctica. Y lo más importante de todo: que podamos expresarnos y escucharnos, cada un@ desde nuestra propia verdad. Pues aquí está: lo dicho, lo no dicho, y cómo se ha dicho.

la relación de pareja gabriella robles

LA SEXUALIDAD

 La vida se genera a partir de un acto sexual, por tanto, esta una fuerza poderosa y valiosa. Genera un vínculo profundo, que si es vivido con amor se convierte en  una fuente de contacto íntimo con el otro, de conexión y de placer.

Pero no siempre se vive de esta manera. Cuando es utilizada como arma de poder, cuando se le quita importancia y cuando se trata de imponer, se hace necesario revisar qué dificultades personales está tapando.

Las dificultades más comunes hablan de:

  • El hecho de vivir juntos merma el desarrollo de la energía del deseo, si a esto añadimos un exceso de tareas compartidas, además nos convertimos en compañeros de trabajo, esto deja menos tiempo disponible para vernos como amantes.
  • Falta de conexión profunda con el otro. Existen enfados y cuentas pendientes que impiden a la mujer abrirse hacia el hombre.
  • Para el hombre, la creencia de tener que cumplir, dar la talla… es una presión que impide la expresión libre del placer
  • La diferencia de ritmos personales en el deseo físico y la forma expresar la pasión: en general, el hombre es más activo y lineal, y la mujer quiere ir lento y ondulante.

Hasta aquí un breve esquema con claves importantes a tener en cuenta. Todo trabajo interior de conciencia y dentro de la relación es la mejor inversión que podemos hacer hacia una vida enriquecida.

Este texto es parte del material del ciclo de talleres Online de psicología femenina: Volver a Casa: Viaje Interior Hacia Ti Misma

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